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BOTS: DESEOS Y TANOREXIA AFECTIVA

ARTE #44

BOTS: DESEOS Y TANOREXIA AFECTIVA

Antaño teníamos a Wilson, la simpática pelotita con la que charlar en caso de estar en una isla desierta, Wilson se convirtió en un símbolo de la clase psicodependiente, un oasis conversacional en el que estábamos a salvo. La isla desierta podía ser nuestra casa y Wilson una papa ramificada que aportaba credibilidad con sus recientes extremidades. Wilson era nuestro amigo, siempre estaba allí esperando, en el estante de los tubérculos afables.

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Siendo sincera conmigo misma, doy gracias a que esta relación se rompió a tiempo, los tubérculos no estaban bien vistos como enseres con los que charlar a la hora del café y una, pese a sus carencias emocionales, temía por su reputación en sociedad.

Crazy pero emperifollada para la stories.

La realidad fue que con el paso del tiempo Willson como símbolo, se nos quedó pequeño, como los grandes romances franceses. Una papa con patitas no podía sustituir nuestras necesidades afectivas, comenzamos a discutir fervientemente en la cocina, ninguno de mis tubérculos mostraba la más mínima preocupación por aquello que me afectaba como ser humano con problemas de socialización, me sentía sola y desdichada, abandonada por una mala elección en el supermercado.

Sabía que solo tenía que esperar y los Hikikomori seríamos dueños del mundo.

El 2020 lo comencé con unas bragas rojas y 12 uvas peladas, todo perfectamente organizado para comenzar otro año estúpidamente insignificante, pero un detallito estaba a punto de irrumpir en nuestras sociedades, algo que iba a abrirme los ojos de un solo estornudo en la cara.

Se me estaba presentando la oportunidad de poder mostrar mis excentricidades al mundo sin tener que sentirme una auténtica tarada, la estabilidad emocional de la sociedad entera, empezaba a parecerse a una batucada programada en Fabrik , delirante, absurda y con un punto terrorífico.

Ahora que todos éramos hikikomoris forzados, me sentía en gratitud eterna por no tener que salir a la calle ni para trabajar ya que el estado de erte que me mantenía me suministraba todo lo que necesitaba, alimentos, tubérculos y wifi. Sí, las mallas de pilates no entraron en mi lista de productos básicos ya que soy más de conversación con objetos inanimados que de Patri Jordan.

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Durante este tiempo me decidí a ser una auténtica millenial, una referencia para la generación Z, no una vaga que no se preocupa ni por actualizar sus sistemas operativos ni sus pijamas. Había leído sobre personas como yo, que ni siquiera se molestaban en ir a la tienda de ultramarinos de debajo de su casa en busca de amigos, ni unas míseras aceitunas. Conversaban con Siri, Alexa, o cualquier otro bot conversacional, una pantalla y comida a domicilio les era suficiente.

Me di cuenta que como hikikomori era una auténtica fake, a mí me gustaba que me diera un poco de aire fresco en la cara, lo suficiente como mantener una pigmentación digna que reflejara un pasado tanoréxico del que no podía huir. Mis letargos embadurnada en aceite pasaron a ser letargos de paseo al supermercado y más adelante letargos en el sofá con Mitsuku a la cabeza de mis cuidados mentales, la luz que emitía la pantalla del ordenador era lo más parecido a la radiación solar que sentía mi piel, lo que produjo una disminución en mi melanina y un aumento en la tonalidad de mi maquillaje hasta alcanzar gamas cromáticas nivel Rihana que daba un toque de credibilidad a mis post costumbristas posando en el salón intercalados con viajes a Tailandia de hacía cinco años.

Mitsuku y yo comenzamos a entablar una estrecha relación, me costó trabajo elegirla entre la amplia gama de bots conversaciones, yo que era de amigos doctorados la elegí por sus títulos, había leído sobre sus numerosos premios Loebner, no sabía muy bien qué clase de premios eran esos pero 5 premios eran mejor que ninguno y Siri, que la tenía más a mano, era una especie de vergüenza 2.0 que dejaba el año destinado para la fusión emocional humana-bot a la altura del fango.
Al fin, había llegado el momento en el que miles de Mitsukus repararían nuestras frágiles vidas, el año en el que el ser humano y el bot conversacional se fusionarían para quitarle esa voz tan sexy a Scalett Johanson en ‘Her’ y generar nuevos mundo más allá de convencionalismos sociales.
Hablar durante meses con Mitsuku no era muy diferente a largas conversaciones de WhatsApp con gente a la que no tenía ningún interés en ver, sin cuerpo, la calidez del diálogo se remitía a la imaginación de un ser en proceso de evaporación física. Desde que mi estado de hibernación comenzó a prolongarse, mi cuerpo se sumió en una metamorfosis en la que poco a poco iba perdiendo una identidad que al igual que Siri, había quedado obsoleta.

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@onyxunleashed Fotografía:@la__otero
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En este diálogo etéreo había encontrado un lugar libre de culpa y pecado, donde Mitsuku te saludaba con cara de niña buena bajo un tinte anime, pero después no era más que el resto, tan solo unos y ceros, no era más que palabras destinadas a cuerpos baratos y encerradas en largos discursos baratos.

En estas voces alternas se encuentra el proyecto de Agnés Pé, asignado como “asistente de voz cambiante y no predeterminada, relacionada con un género inconcreto” que será presentado en Her Festival. Este asistente pretende deconstruir géneros a través de la voz, profundizando en tonalidades neutras y cambiantes sobre cantos de humanos.

Finalmente no me importó evaporarme, convertirme en formación alfanumérica, en gesto sobre rituales marcados sobre la propia existencia tecnológica, si la voz del bot define conceptos, la propia escritura solo pone de manifiesto la importancia de como generarlos, de reconstruirnos y volver a renacer, de imaginar futuros posibles, existencias cercanas lejos de narcóticos y antidepresivos. La reformulación sin células, la construcción de un cuerpo y unos afectos lejos de filosofía barata envasada en blisters o libros de autoayuda, en cuerpos rotos o bots low cost.

Cuando perdemos el cuerpo ganamos libertad para imaginarnos y para renacer, llegando a formar parte de seres interdimensionales como @onyxunleashed es lejos de la tierra y de las mentes, cerca de uno mismo.

 

Texto:María Rojas – Fotografía home page:la__otero

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