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VOLVERSE VIRAL

La viralidad y el sarcasmo constituyen hoy dos grandes pilares desde los que comprendemos la imagen online. Compartimos de forma sintética pequeñas cápsulas culturales que referencian de forma hipercondensada a todo un sistema de relaciones y pensamiento que nos acompaña como comunidad. Detrás de muchos de esos juegos comunicacionales se encuentra el ser humano que construimos como objeto viral, aquel de quien adoptamos su identidad como parte del juego sin preguntar si alguna vez quisieron ser una rockstar.

Corría una madrugada cualquiera de largas conversaciones por el chat de instagram pero, algo no funcionaba bien. Nada bien.

La conversación cojeaba allá por donde se mirase, las emociones no eran transmitidas correctamente, la euforia del momento se veía mitigada por imágenes confusas producto de una imaginación desentrenada ¿podemos hablar de comunicación sin imágenes? Aquí no estamos para establecer lazos telepáticos y si algo nos enseñó ser parte de la generación Y, es a no pensar, a ser ocurrentes y graciosillos y los gifs… ya no bastaban.
Blanco y en botella. Aquella noche conocí a una de esas personas que te revelan una nueva realidad, una venda más caía ante mis ojos, él era András Arato a.k.a Harold.

Lo conocí esa misma noche en el cambio al chat de WhatsApp, allí apreció tambor en mano, feliz por estar presente en mi vida, yo crazy perdida lo miraba con asombro, sintiendo que había estado fuera del mundo en los últimos 8 años viviendo tras la sombra de la realidad.
Una vez más, el tiempo se me escapaba de las manos y mi tercera cana florecía a su antojo.
Aquel pulgar ansioso vislumbró oportunidad y un aluvión de stickers de ́Hide the pain, Harold ́ cayeron de forma masiva en la conversación, producto de demasiadas emociones reprimidas usando el medio erróneo, vomitadas de forma compulsiva para evitar según los psicólogos, cuadros de ansiedad por represión emocional. Y bien es sabido que a los psicólogos y a los coach emocionales se les hace caso, siempre. Él soltaba y yo iba guardando en mi nuevo archivo que hasta ese momento, sólo tenía stickers de mi perro. Así que durante un intenso periodo de tiempo, mis dilatadas y exhaustas pupilas se sometían a la ira de quien no podía comprender la ignorancia del ídolo, de quien había sufrido en silencio demasiadas conversaciones mal ilustradas. En definitiva, una forma de decir, nunca más texto sin imagen.

Tras unos 120 stickers, Harold en posición meditativa, me dio la bienvenida a un nuevo estadio vital y tras esa primera inclusión en su mundo yo seguía intentando asimilar cómo había podido vivir sin haber escuchado hablar sobre la Rosalía de la memética y eso, perdonen queridos lectores, es estar muy fuera, así que me puse a rastrear la red, quería conocer su nombre, nacionalidad, fecha de nacimiento, estatura, peso orientativo, comida favorita, charlas y entrevistas.

La historia del hombre detrás del meme me fascinó a la vez que me hizo temer por todos los posados que regalo a internet. No estoy preparada para ser una rockstar de la viralidad y terminar de sumergir una carrera artística en angosto proceso de emergencia.

En realidad, para mi Harold se convirtió en una estrella del punk, un antisistema capaz de sesgar a toda una sociedad con su sonrisa. Él vendió su alma al diablo bajo la forma de un inocente fotógrafo de bancos de imágenes comerciales, esas imágenes construidas para ser vendidas en pos de la imagen perfecta, neutra, aséptica, eurocéntrica. Pero si algo es barroco, impredecible y a veces subversivo, eso es internet, cuyo poder del robo traspasó las barreras de dicha empresa, usurpó sus bancos y plagó la red con la cara de nuestro querido András, ya nada podía frenarlo. András el ingeniero, se había convertido en un meme, de ahora en adelante lo llamaremos Harold.

Él se posicionó como líder espiritual de aquellas almas perdidas en las garras de internet, de ese robo de identidad que supone ser un meme, como nuestro ya desaparecido Grumpy cat, hijo predilecto de la era de la circulación de imágenes. En el reino humano, Harold fue el hombre que empoderó al ‘sujeto memético’ cambiando su rol pasivo de representación para generar un discurso en el que se nos relega al resto de mortales a sujetos que jamás alcanzarán la fama que solo la comunidad de internautas puede otorgar.

Uno de mis traumas vitales desde que tomé conciencia de internet es hacerme viral, ahora que conozco a Harold el trauma sigue siendo el mismo.
Eso y caerme en el escenario de un karaoke mientras canto ‘Sobreviviré’.

 

María Rojas

SSSTENDHAL magazine
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