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TINO CASAL

MODA #23

En todo tiempo y lugar siempre existe, entre los componentes de la sociedad, alguien que destaca. Ya sea por su manera de ver el mundo, comportarse, o por su atuendo o apariencia personal, estos individuos se adelantan a su época y dejan una huella en su entorno humano que se termina comportando como un espejo en el cual este se analiza a sí mismo y exorciza sus miedos. España no es excepción, y en los años 70 y 80 tuvimos a nuestro referente; nuestro David Bowie particular, Tino Casal.

Quizá le debamos al contexto más de lo que creemos la existencia de este tipo de personalidades. En los años 70 y 80, nuestro país estaba despertando, comenzando a ebullir. Tras casi cuarenta años de constricción, el futuro parecía al fin poder tener otro color. La sociedad más joven y, sobre todo, la comunidad artística, se dieron cuenta de que era su momento.

En esta “movida”, este ambiente de nueva libertad y creciente hiperactividad hasta entonces desconocidas, encontramos el caldo de cultivo perfecto para la aparición de los diversos personajes que marcarían la época. Entre ellos, claro está, contamos con Alaska o Pedro Almodóvar y, como no, a nuestro protagonista.

Si bien la actividad de Tino Casal es tremendamente amplia, es en su camaleónico atuendo donde podemos encontrar la máxima expresión de su carácter y personalidad artística.

Para celebrar este hecho el Museo del Traje de Madrid, en este 25 aniversario de su muerte (debida a un accidente de coche el 22 de Septiembre de 1991) organizó el pasado invierno una exposición de sus atuendos y complementos más característicos. Lo acertado del nombre de la muestra, ‘El arte por exceso’, resultaba evidente al entrar en la sala.

Si hubiese que describir el ambiente creado por todas las prendas expuestas, se asemejaría al de la selva amazónica: saturado y exuberante, y tremendamente diverso. Todo tipo de estampados y texturas (animal print, lamé, metal, cuero…) se presentan al visitante sobre infinidad de tejidos diferentes, combinados siempre en conjuntos inesperadamente coherentes y elegantes.

De hecho, en toda su amplia temática indumentaria (desde lo tribal a lo clásico pasando por la estética disco, lo kitsch y el punk), Tino Casal parece conservar siempre cierto aire señorial, que crea en el observador un conflicto constante entre lo que ve y lo que percibe.

Es innegable que el concepto del contraste es preeminente en el estilo de nuestro protagonista. Ya se produzca entre dos estampados que parecen imposibles de combinar o dos prendas con características que tradicionalmente han sido concebidas para los sexos opuestos, Tino Casal parecía saber calibrar perfectamente este juego de contrapesos para crear una imagen que, estando perfectamente equilibrada, no dejaba nunca indiferente a nadie. Es curioso, sin embargo, cómo, si exceptuamos su etapa más rock, los cortes de las prendas se mantienen casi constantes en toda su trayectoria. De hecho, la variedad se reduce a americanas, camisas y chupas de cuero, además de pantalones anchos, de diferente tejido, con más o menos brillos o con distinto estampado, pero con unos acabados más que similares en cualquier caso.

Mención aparte merecen la infinidad de complementos que completaban sus atuendos: collares, brazaletes y broches espectaculares, con formas que van desde animales (véase su icónica salamandra o las arañas de brillantes) a calaveras. En ellos, además de apreciarse una completa disolución de las barreras de género, se puede observar una clara intención de focalización de la atención que, junto con los aspectos restantes del conjunto, construyen una cuidada estética de saturación: mires a donde mires, habrá algo digno de atención, algo que sorprenda, pero siempre en armonía con el todo.

En definitiva, Tino Casal fue un magnífico exponente de su tiempo además de un adelantado a su época. Apoyándose en el ritmo de la misma (no olvidemos que no fue inmune a las hombreras), y dando rienda suelta a su personalidad extravagante, construyó un universo indumentario genial, además de elegante y provocativo, cuyos ecos resuenan fuertemente hoy día. Para Tino Casal, la imagen no era algo prescindible, sino una obligación. De hecho, de no habernos dejado tan pronto, podríamos afirmar que el artista sería un perfecto influencer y que vería reflejado su estilo incluso en el Gucci más actual. Al fin y al cabo, lo canalla vuelve a estar de moda.

 

Sergio García del Amo

SSSTENDHAL magazine
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