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GRASA TRANSHUMANA

ARTE #36

GRASA TRANSHUMANA

Cuando pienso en transhumanismo me viene a la cabeza la idea distópica de sociedad seriada en la que no tiene cabida la imperfección, una sociedad de super humanos que planta cara al cuerpo biológico y por lo tanto a la muerte. Cuando nos topamos con las ideas de la cyborg foundation, un pequeño grupo de cyborgs catalanes me doy cuenta de que dios es cyberpunk, y si la creatividad tiene el don de imaginar mundos posibles, estos creadores experienciales lo llevan al límite apostando por la diversidad como forma de generar sociedad.

Lo más límite que he hecho con mi cuerpo en los últimos años es desayunar tomate cada mañana, triturado, con aceite de oliva y sal. Sin colorantes ni conservantes. Tomates modificados genéticamente para adquirir la perfección rojiza que todos añoramos por las mañanas, una locura no apta para todos los públicos pero yo, en un intento por transgredir mis límites y ya que lo de ser humana se me queda corto, me volví una loca de los transgénicos y los ácidos grasos insaturados. Pan tumaca y donuts every day. Meses después comencé a sentir mi condición transhumana devorando mis poros. Dicen que de lo que se come se cría y los dichos populares llevan la sabiduría de todos nuestros ancestros. El pan tumaca estaba actuando como un pequeño germen, una bacteria suministrada en pequeñas dosis sobre rebanadas de pan de centeno bio, día tras día.

Sólo una cosa estaba clara, yo ya no era la misma. Como individuo transespecie estuve buscando mi lugar en el mundo y me topé de casualidad con la ‘Transpecies Society’ que da voz a identidades no humanas y de la cual son fundadores: Manel Muñoz, Moon Ribas y Neil Harbisson, primera persona en considerarse cyborg por un gobierno y capaz de recibir colores no visibles para el ojo humano en forma de sonidos.

Mi nuevo hogar conceptual además de defender la diversidad como especie, aboga por la implementación de nuevos órganos y sentidos artificiales para lograr conectarnos con el mundo en estados que biológicamente no estamos diseñados. Quizá no hemos sido diseñados para desarrollar dichos sentidos pero hemos sido diseñados para poder crearlos, el papel de alquimista creador me resulta mucho más divertido que renegar al objeto de fábrica.

Volviendo a nuestros ancestros, estos ya fueron insistentes en el tema, la búsqueda incesante de comprender el mundo en diferentes estadios, nuevas formas de percepción y experimentación y dado que la tecnología era bastante rudimentaria lo intentaban con droga dura.

La Cyborg Fundation aboga por mantener las neuronas intactas y decide utilizar los avances tecnológicos a nuestro alcance para autodiseñarse. El ser humano como ser material modificable. Un ser humano experiencial que usa sus cualidades para imaginarse a sí mismo sin límites.
Manel Muñoz implementó un sistema basado en el funcionamiento de los barómetros en un inicio y más tarde amplió su percepción como una auténtica estación meteorológica en forma de microchip conectado al hueso temporal de su cabeza, conexión wifi incluida con la que puede sentir los cambios atmosféricos tanto del lugar en el que se encuentra como conectándose con diversas estaciones destinadas geográficamente en otros continentes, generando experiencias fuera de su propio espacio físico.

Moon Ribas por otra parte desarrolló en su brazo un sentido sísmico que le hace del mismo modo sentir los seísmos de la tierra en diferentes partes del mundo y así implementar esta sensación a sus obras performáticas y coreográficas, siendo de este modo una intérprete y la propia naturaleza la creadora de los propios ritmos.
Y Joe Dekni en medio de una performance con audiovisuales incluidos, se sometió a una operación para implantarse un nuevo órgano en sus pómulos que le permite sentir las vibraciones de su entorno basado en los murciélagos.

Comprender la obra de los artistas cyborgs es acercarse a la vida en un momento en el que se nos proponen diferentes cuestiones, realmente ¿qué es ser humano? ¿hacia dónde nos encaminamos como especie y hasta dónde podemos llegar? Lo que está claro es que si cambiamos nuestra percepción del mundo, quizá podemos cambiar el mundo como lo entendemos hasta ahora, y desde luego los límites son los que nosotros mismos nos creamos.

Por mi parte siento un pánico extremo a las cirugías, así que lo seguiré intentando con los tomates.

 

María Rojas

Fotografía de protada: Moon Ribas fotografiada por Will Clapson

SSSTENDHAL magazine
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