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FLESH

ARTE #23

El ataque más directo al engranaje del consumismo, ese monstruo que nos vende aspiraciones y necesidades adornadas con marketing e ideales inalcanzables, es mostrar todo lo contrario. Todo lo que se salga de la norma de belleza que firmas de lujo, bloggers, influencers, clínicas de estética y demás demonios nos venden como auténtica felicidad. Mostrar lo feo, lo deforme o simplemente lo diferente a través de la carne, reflexionar sobre la base de lo que somos como materia, de lo que estamos todos hechos. Lo primitivo, lo visceral, lo real.

El cuerpo siempre ha sido un motivo de reflexión. Es nuestra celda y nuestro escaparate, todos somos presa de un primer juicio por nuestro aspecto y todos nos hacemos una primera idea tras el primer vistazo. La diversidad en lugar de ser algo valorado y sobretodo intrascendente se ha convertido en algo de lo que todos huimos, porque convertirse en algo catalogado como correcto es posible si vas tres veces por semana al gimnasio, comes en tus horas y bebes 300 litros de agua al día. Algo muy sencillo para cualquiera que tenga un trabajo a tiempo completo y hobbies alejados del gym o vida social. Las reflexiones sobre la carne se encuentran en la obra de muchos artistas, desde diferentes perspectivas exploran la anatomía, el impacto social del cuerpo y las transformaciones a las que estamos dispuestos a someternos pasando por quirófano.

Piel, músculos, huesos y grasa conforman, a grandes rasgos, lo que somos. Con estos elementos pero conjugados al azar juegan las fotografías de Javier Gallego Escutia, artista afincado en Londres que trabaja con formas anatómicas amorfas que crean entes sin una forma definida, con articulaciones aleatorias pero llenas de vida. La iluminación y el entorno que acompaña a sus criaturas no hacen más que alimentar la curiosidad por esos seres amorfos e imaginarios.

El cine español nos ha regalado otra interesante reflexión sobre la importancia que otorgamos al aspecto físico. Todo un manifiesto a favor de lo diferente, de lo que se aleja del canon y sobre la aceptación personal. Se trata de ‘Pieles’ de Eduardo Casanova, una película desnuda y llena de personajes que luchan entre la aceptación y la aspiración. Donde la deformidad es una constante que en algunos personajes aflora en su físico mientras que en otros se aprecia por su comportamiento o ideas. Una filmación en la que merece una mención especial el trabajo de maquillaje que ha transformado a grandes actores y algunas promesas en personajes completamente especiales y mágicos. Seres solitarios, con la carga de no pertenecer al canon por sus deformidades llenos de inseguridades pero también de sueños e inquietudes.

Los sueños de Samantha (Ana Polvorosa) una chica con el aparato digestivo invertido que tiene el ano en el lugar de la boca y los anhelos de Ana (Candela Peña) que tiene la cara deformada no se alejan tanto de los de cualquiera, encajar en una pauta cada vez más excluyente y elitista. Son historias crudas y complicadas envueltas en rosa y malva que dan un sabor agridulce, de ternura y desconcierto, inverosímiles pero cercanas. Fantasía para reflexionar sobre algo mucho más real y factible, la importancia que se le da a la carne, la importancia de la piel. “Las pieles cambian. Las pieles se operan, se transforman. La apariencia física no es nada”

En la obra de Andrea Hasler, artista nacida en Zurich y afincada en Londres, la carne como masa esponjosa, viscosa y amorfa es una constante que le ha servido para reflexionar sobre diferentes asuntos. Sus amalgamas de vísceras hechas en cera, látex o silicona se presentan en vitrinas, sobre podiums y en instalaciones que hacen alusión al mundo del lujo y la exclusividad. Se adornan con cremalleras, pasadores y correas para darles el aspecto de bolsos de firma, pero todo el glamour se tinta de repulsión cuando las masas espesas y gelatinosas se desparraman entre las tiras de unas sandalias Jimmy Choo o entre las correas de lo que intenta ser un bolso de Dior. En ‘Desire’ la instalación en latex rosa, ambientada por música de soft porn de los setenta, se basa en el mundo de la cirugía estética y las marcas de lujo para unir vísceras con joyas en propuestas de cómo sería de bonito nuestro bazo si le pusiéramos unos diamantes. Porque si somos capaces de mutilar nuestro cuerpo para acercarnos a un canon determinado de belleza ¿por qué no vamos a modificar nuestros órganos para embellecerlos? ¿Dónde está el límite? Desde luego los límites entre casquería y lujo se pierden en sus pequeñas y opulentas aberraciones. Pero en sus últimas obras la carne tiene un sentido menos crítico y social y se dirige más hacia la introspección. Sus masas de carne tienen partes de cuerpo reconocibles o son la unión de dos cuerpos en una sola masa. En todo caso, yo me quedo con el mensaje de sus obras de vitrina: por mucho que nos adornemos y esforcemos por diferenciarnos todos somos vísceras y carne.

 

Raúl Cabanes

SSSTENDHAL magazine
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