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CUBA

OCIO #22

“Tenemos que ir a Cuba antes de que muera Fidel o antes de que cambie”. Más de uno habrá pronunciado esta frase pensando en las vacaciones, pero sí, el comandante nos dejó hace casi un año y Cuba ya está cambiando. Pese a todo, es un buen momento para escaparse a un destino turístico con poca conexión a internet y disfrutar del auténtico son cubano impregnado en sus calles, sus gentes y sus maravillosos paisajes.

Isla bonita
Aunque el concepto de isla pueda dar a equívoco, Cuba no es un país pequeño, los trayectos por carretera, (ya sean en coche alquilado, bus o autos colectivo) suelen ser especialmente largos, por lo que dependiendo de los días de viaje que tengamos deberemos escoger entre una zona u otra.

Para unos diez días proponemos un recorrido de imprescindibles que te lleven desde la antigua colonia francesa de Cienfuegos, pasando por la colorida Trinidad, el mausoleo del Che en Santa Clara y las magníficas playas de Varadero o algún otro Cayo hasta la eterna ciudad de La Habana, donde dedicar un mínimo de tres días. Esta ruta contempla el centro del país desde el sur hasta el norte donde encontraremos tanto ciudades con encanto como playas de ensueño.

Otra opción es substituir los días de Trinidad, Cienfuegos y Santa Clara o la zona de playas por los paisajes rurales de Viñales (zona oeste).

Moneda, transporte y alojamiento
Tras desembarcar en el aeropuerto de La Habana deberás cambiar Euros a CUP (en pocos lugares podrás pagar con tarjeta más allá de hoteles o resorts). Esta moneda propia es la que usan los turistas (1€=1CUP), pues los autóctonos operan con CUC para asegurarse un coste más bajo de los productos. Lo más económico y divertido es alojarse en casas particulares. Es una de las prácticas más habituales y algo que te permitirá descubrir cómo son las viviendas de la isla por dentro, conocer a fondo la realidad de las familias cubanas (su amabilidad es casi tan extensa como su verborrea) y sobre todo, deleitarse con las especialidades culinarias de la zona: zumo de mango o papaya a todas horas, desayunos completos con huevos, queso y fruta o incluso langosta a la cazuela. Para moverse por la isla uno debe ser consciente, desde el minuto uno, de que en Cuba el tópico del ritmo caribeño se cumple a rajatabla, por lo que no existen los horarios y uno puede dedicar casi la mitad del día a intentar conseguir un medio de transporte para desplazarse a su destino. Lo más cómodo es decantarse por los autobuses Vía Azul, muy cómodos y con aire acondicionado, que deberemos reservar en la mayoría de los casos con un día de antelación en la misma estación. Si eres un amante del regateo puedes optar por negociar un coche colectivo que saldrá cuando esté completo de pasajeros. Por último puedes alquilar, teniendo en cuenta que te esperan horas de carretera en coches de hace 20 o 30 años sin refrigeración.

Los placeres de los sentidos
Cuando uno piensa en Cuba no puede evitar imaginarse tumbado en una hamaca bajo un par de cocoteros. Disfrutar de algunas de las mejores playas del Caribe es fácil, por ejemplo la de Ancón cerca de Trinidad o las de Varadero. Otro de sus grandes atractivos es la música. Los cubanos llevan el ritmo en la sangre y además de moverse como nadie, poseen una vasta cultura musical, siendo capaces de tocar cualquier instrumento, por lo que no es extraño oír salsa, mambo o hasta reggaeton en cada esquina. Para disfrutar de ello, ya sea tomando una copa o moviendo el esqueleto, recomendamos La Casa de la Música en Trinidad o la Fábrica de Arte Cubano en La Habana.
La comida es otro de los reclamos de la isla. Sencilla, sin pretensiones, pero jugosa y apetecible. Uno no puede volver sin haber probado la carne mechada, los frijoles o el arroz a la cubana cocinado con mucho mimo en un ‘paladar’. Y de postre no puede faltar un helado de Coppelia. Para acompañar la caída del sol nada como beber un auténtico mojito en La Bodeguita del medio, donde Hemingway pasó largas tardes, o El Chanchullero, también en La Habana pero más moderno, alejado de tanto turista y con una espléndida terraza en lo alto. Por último, uno debe sucumbir a los placeres visuales y disfrutar de cada paisaje y cada gota de lluvia tropical viajando por la carretera, fotografiando las casas de colores de Trinidad, los palacios de Cienfuegos o el o el atardecer en el malecón, así como las reminiscencias de la Cuba más guerrillera en la plaza de la revolución.

Uno ya no encontrará la vieja Cuba comunista, pues ahora sus ciudadanos pueden vender y comprar casas e incluso establecer negocios como cadenas de taxis o peluquerías. Los millennials han tomado el poder y el reggaeton le ha ganado la partida a la vieja trova cubana, al tiempo que asoman pintadas con el logo de Mac que haciéndole la competencia a la omnipresente propaganda política. Cuba es la nueva y también la antigua, solo debes lanzarte a descubrir cada pedacito de ella.

 

Texto y Fotografía: Elsa Hermida

SSSTENDHAL magazine
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