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Hombres sin Mujeres, de Haruki Murakami (y sus alrededores)

Hombres sin Mujeres

Haruki Murakami

Hombres sin Mujeres, de Haruki Murakami (y sus alrededores)

 

No cabe duda de que Ernest Hemingway es uno de los personajes más importantes del siglo XX, por su vida y, ante todo, por su obra. Por eso mismo, parece ser una fuente de inspiración inagotable que viene acompañada, inevitablemente, de un extra de calidad que aporta grandeza a las obras beneficiadas.

Por poner algunos ejemplos, el 27 de julio de 1984 Metallica publicaba su segundo disco, ‘Ride the Lightning’. Este disco incluye una de las mejores canciones del mítico grupo de Trash Metal, ‘For whom the bell tolls’, que extrae título y temática de la novela del Premio Nobel (en castellano, ‘Por quién doblan las campanas’). El texto se desarrolla en la Guerra Civil española, donde Hemingway fue corresponsal de guerra. Woody Allen, por su parte, nos regaló en 2011 la que es su mejor película en muchos años, ‘Midnight in Paris’. Si habéis visto la película, sabréis a lo que me refiero y dónde está la referencia, entre una amalgama de fantásticos artistas. Y si no la habéis visto, estáis tardando. En serio.

Haruki Murakami también ha recurrido a uno de los libros de relatos cortos de Hemingway para nombrar su más reciente título. El pasado 3 de marzo Tusquets editaba en España el último libro del autor japonés eterno aspirante al Nobel y, esperemos, algún día ganador. La elección de ‘Hombres sin Mujeres’ como nombre para el libro es perfecta para el tema que Murakami quería tratar, el amor en sus fases más desalentadoras, el desamor en su máximo apogeo.


Ernest Hemingway
Ernest Hemingway. Fiestas de San Fermín. Reportaje de Julio Ubiña. Paris Match 1959

Son siete los relatos que Murakami ha plasmado en las casi 300 páginas de las que se compone ‘Hombres sin Mujeres’. La anterior experiencia de relatos cortos con Murakami, ‘Sauce ciego, Mujer dormida’ no convenció a todo el mundo, quizás por un exceso en la utilización de esa realidad paralela y onírica que Murakami suele describirnos en sus textos y que ha sabido mostrarnos mucho mejor en sus novelas largas, como ‘Crónica del pájaro que da cuerda al mundo’ o ‘1Q84’. Si alguien guarda algún reparo al respecto, que no tema. ‘Hombres sin mujeres’ es una de las obras más terrenales y realistas de Murakami, y aunque en alguno de los últimos relatos se concede a sí mismo alguna licencia, todo encaja a la perfección.

Murakami es un maestro en la materia de hacernos pensar sobre lo que le ocurre a sus personajes, sobre cómo sus experiencias se asemejan a las nuestras y recordarnos lo que éstas han significado. Es por ello que, al menos en mi caso, empatizo tanto y tan bien con los protagonistas incluso con ese trasfondo surrealista habitual en el autor. En este nuevo libro y con un tema que a todos nosotros nos toca fibras sensibles, esto sucede de una forma aún más acentuada y constante, y lo hace de un modo del todo ágil.

Puede que en alguno de los relatos veáis reflejado a algún amigo, familiar o conocido en la piel de sus personajes. Pero sin lugar a dudas, entre el papel y la tinta nos reconoceremos a nosotros mismos, en cada espacio, en cada afirmación y en cada silencio. Con ello, Murakami consigue, sin conocernos a nosotros ni a los que nos importan, evocar a esas personas que en algún momento de nuestras vidas han supuesto algo especial, que con sólo mirarlos u observar su sonrisa han conseguido removernos alma y entrañas hasta lo más hondo. Excepto en algún caso concreto donde las sensaciones que transmite son más drásticas y concretas, los protagonistas suelen tener entre sus ingredientes ese halo que mezcla soledad, angustia y esperanza. Todo aquello que nos ha abordado en situaciones de amor, primero correspondido y posteriormente frustrado.

Desde Ssstendhal recomendamos de forma ardua y vehemente la lectura de ‘Hombres sin Mujeres’. Si esto fuera una conversación de Whatsapp, el texto iría acompañado de unas cuantas flamencas para enfatizar la recomendación. Pero afortunadamente no lo es y nos las podemos ahorrar. Aún así, seguro que todos habéis visualizado instantáneamente el vestido rojo y la agraciada postura de la bailarina. Eso mismo es lo que Murakami consigue con cada uno de los relatos, la evocación constante de sensaciones, no siempre agradables, aderezadas con una acertada calma esperanzadora.

 

Raúl Montes

SSSTENDHAL magazine
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